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HISTORIA DE LA GEOGRAFÍA

 

 

La geografía es una de las disciplinas más antiguas, pero también hay que señalar que ha experimentado un desarrollo muy complejo a lo largo de toda su historia. Básicamente, esta evolución se puede dividir en dos grandes periodos: un periodo premoderno que comenzaría en Grecia, y un periodo moderno a partir del siglo XIX donde se produce su institucionalización universitaria, lo que tuvo una influencia enorme en su desarrollo.

Indice

 

GEOGRAFÍA PRE-MODERNA

La geografía antigua: Asirios, Egipcios y Fenicios

La geografía antigua: Grecia y Roma

La geografía de la Edad Media

La geografía de los siglos XV al XVIII

Siglo XIX: antecedentes de la geografía moderna

GEOGRAFÍA MODERNA

La institucionalización de la geografía

El proyecto de una geografía científica: Geografía Física y Antropogeografía

La geografía clásica: Regiones y Paisajes

La institucionalización de la geografía en España

La geografía teorético-cuantitativa

La Geografía del Comportamiento, la Geografía Radical y la Geografía Humanista

Nueva Geografía Regional y otras líneas de investigación emergentes

La geografía a comienzos del Siglo XXI

 

Geografía Pre-moderna

 

La geografía antigua: Asirios, Egipcios y Fenicios

 

            El conocimiento de la región propia y de las regiones vecinas fue el objeto de las actividades de los más antiguos pobladores de la tierra, pero se supone que los babilonios y asirios fueron los primeros geógrafos, los cuales se interesaron por conocer el curso de los astros. A ellos se debe la división del Zodiaco en 12 signos y algunos rudimentarios conocimientos sobre la naturaleza del Sol y de la Luna.

Los egipcios supieron aplicar la geometría y la agrimensura, pero sus conocimientos geográficos quedaron muy limitados, ya que fue un pueblo sin grandes alientos conquistadores, razón por la cual no les interesaba la Geografía de los pueblos vecinos.

Los fenicios fueron el pueblo que llevó a cabo los viajes más arriesgados entre todos los pueblos antiguos, llegando con sus naves a establecer factorías por todo el Mediterráneo y aun por el Atlántico, fundando, entre otras, Gades (hoy Cádiz) y llegando hasta las costas inglesas. Los fenicios eran esencialmente comerciantes y sus viajes los emprendían para exportar sus productos manufacturados y adquirir primeras materias: ellos explotaron ya las minas del Sur de España. Navegaron también por el Sur de Asia, en busca del fantástico país de Ophir o del oro.

La geografía antigua: Grecia y Roma

 

La cultura griega es la primera en desarrollar un conocimiento ordenado sobre un conjunto de fenómenos que atañen, en sentido amplio, a la Tierra. Esta descripción de la Tierra, desde la antigüedad, ha podido entenderse de dos formas: bien como descripción y estudio de toda la Tierra en cuanto cuerpo físico y celeste, o bien como descripción y estudio de alguno de sus territorios, incluyendo en éstos tanto sus características físicas (ríos, montañas…) como los pueblos que los habitaban. Existe así desde la Grecia clásica una perspectiva general y otra particular o regional, la primera más próxima a la matemática, a la astronomía y a la cartografía y la segunda a la historia, a la política y a lo que hoy se entiende por etnografía.

Los griegos tuvieron ya diversas concepciones de la Tierra. Los jonios sustentaban que la tierra era un disco que flotaba sobre un mar sin fin, y suponían a la tierra como centro del Universo. Otros filósofos tuvieron de la Tierra otras concepciones. Algunos geógrafos griegos, como Aristarco y Selénico de Seleucia, opinaron que era el Sol el centro del mundo, con lo cual puede considerársele como precursores de la teoría de Copérnico. Los pitagóricos dividieron el cielo en zonas, consideraron en él diversos círculos, y admitieron en la Tierra cinco zonas: la ártica, la de verano, la de los días y noches iguales, la de invierno y la antártica. Las conquistas de Alejandro dieron a los griegos un mejor conocimiento de Asia, y sus colonias en el Mediterráneo (que llegaron hasta el Sur de España), les familiarizaron en el conocimiento de las costas de este mar. Aristóteles trató por primera vez de la Tierra considerada como una esfera; uno de sus discípulos procedió a medir el círculo mayor de la esfera terrestre.

Es en Mileto donde los conocimientos que podrían calificarse de geográficos comienzan a sistematizarse y a tratarse de un modo más metódico y racional. Los periplos o descripciones de las costas realizadas por los marinos se convierten en una fuente de conocimiento fundamental.

Anaximandro de Mileto (610-547 antes de nuestra Era) elaboró, seguramente, uno de los primeros mapas del mundo conocido por los griegos, además de varios cálculos sobre los equinoccios y solsticios.

 

 

Hecateo de Mileto (entre los siglos VI y V antes de nuestra Era) mejoró el mapa de Anaximandro y escribió sobre las costas y pueblos que bordeaban el Mediterráneo.

 

 

Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. E.) realizó varios viajes que le acercaron a los confines del mundo conocido por los griegos. En su Historia describe con gran detalle territorios como Egipto, Persia o Asia menor.

 

 

Eratóstenes de Cirene (275-194 a. E.) es considerado propiamente como el “padre de la geografía”, pues fue el primero en acuñar el término, aplicándolo a una de sus obras (Hympomnemata geographica). Para Eratóstenes este término identificaba el objetivo esencial de su trabajo, la elaboración de una representación gráfica del mundo conocido, es decir, lo que hoy se entiende por cartografía. Partía para ello de la búsqueda de las dimensiones de la Tierra, tarea que llevo a cabo con sorprendente aproximación.

 

 

Polibio, historiador, se ocupo de la geografía descriptiva y defendió la concepción jónica de suponer la tierra circular con el Mediterráneo como línea divisoria.

Estrabón (60 a. E.- 21 d. E.) realizó en cambio una geografía plenamente corográfica o regional. Estrabón recoge de forma sistemática un gran número de informaciones acumuladas sobre los diversos territorios de la ecúmene. Su obra tenía un claro fin práctico pues interesaba sobre todo, “para los fines de gobierno”. Estrabón identificaba los distintos territorios y los caracterizaba de acuerdo a sus rasgos físicos, étnicos y económicos.

 

Después, la geografía se hizo puramente descriptiva y perdió todo el carácter matemático que le habían comunicado los pitagóricos.

Pomponio Mela (siglo I a. E.) realizó su obra Chorographia donde relata diversos viajes por las costas conocidas de la época describiendo las características físicas y humanas de los diversos territorios.

 

Claudio Ptolomeo (90-168 d. E.), astrónomo y matemático realizó también una obra geográfica, Geographike hyphegesis. Esta obra se sitúa en la tradición de la geografía matemática y cartográfica. Proporcionaba tablas de posiciones que permitían realizar un mapa de la Tierra basado en la longitud y latitud de los lugares. También realizó cálculos sobre la dimensión de la Tierra.

 

La geografía en la Edad Media

 

Durante la Edad Media el conocimiento geográfico, al menos en las sociedades europeas, se vio prácticamente interrumpido con la decadencia y desaparición del Imperio Romano. A partir del siglo XII fueron intensificándose nuevamente los estudios geográficos y durante el siglo XIII recibieron considerable empuje debido a los descubrimientos entonces realizados. Los cosmógrafos se dedicaron a construir mapas incorporando en ellos los nuevos territorios descubiertos en la costa africana del Atlántico y en el lejano oriente asiático.

Alejandría y Antioquia fueron los lugares donde los monjes medievales hallaron documentos griegos que les sirvieron para rehacer los conocimientos geográficos. Pero el estudio derivó orientándose a interpretaciones alegóricas de la Biblia en Alejandría y al estudio histórico-gramatical de los versículos de la misma, en Antioquia. Los cristianos de Oriente escribieron sus obras en griego, porque se orientaron en las fuentes griegas y porque se mantenía aun en ellos la tradición de aquella gran cultura helénica. Los cristianos de occidente escribieron en latín, porque muchas de las obras clásicas griegas les había llegado por mediación de los árabes y, como el latín continuaba siendo la lengua sabia de los pueblos occidentales de Europa, en latín se escribían las obras científicas y literarias.

Cuadro de texto: Peñon Gibraltar

 

En el siglo IX las islas Feroe fueron descubiertas por unos anacoretas irlandeses; hacia el año 900 se descubrió, por los normados, Groenlandia (que quiere decir Tierra verde ). Algunos colonos se establecieron allí y parece que los habitantes de Groenlandia llegaron a descubrir tierras de América del Norte. Más tarde, se supone que alcanzaron las costas del Labrador y de Terranova.

 

En el siglo XIII los emperadores mongoles entraron en relaciones comerciales con los países del oriente de Europa y a partir de entonces algunos viajeros europeos se dedicaron a conocer las tierras de Asia oriental. El más importante de estos viajeros es Marco Polo quien comunicó noticias muy interesantes del imperio Chino llamado entonces del Cathay. El viaje de Marco Polo se realizó desde 1271 a 1295.

Dominó una cosmografía religiosa en la que la Tierra se representaba como un disco circular y los continentes se disponían en forma de T con centro en Jerusalén. Se trata de los típicos mapas “T en O” en los que la O representa el mundo de forma circular, rodeado por el océano. El mundo conocido sólo abarca Europa, África y Asia. La T hace referencia a la articulación del espacio interior. El eje principal sería el mar Mediterráneo que separa Europa y África. El eje secundario, perpendicular al principal, se articula a partir del Nilo, continuando en el mar Negro y el río Don, separando Europa y Asia. El primero en realizar estos mapamundis fue Isidoro de Sevilla.

Los mapas de T en O irían ganando complejidad con el paso del tiempo. Un ejemplo son los mapamundis de los Beatos, siendo el más famoso el Mapa Mundi de Beato de Liébana, originados con los Comentarios al Apocalipsis de San Juan del siglo VIII, que contienen numerosas ilustraciones acompañando al texto. El diseño pasa a ser rectangular, representándose las tierras conocidas en torno al Mediterráneo. Jerusalén se convierte en el centro del mapa y se introduce el paraíso en Asia. Sobre el paraíso se añadirá posteriormente una representación de Jesucristo como muestra por ejemplo el mapamundi de Hereford.

Mapa mundi del Beato de Liébana

Mapa mundi de Hereford

 

Como representación cartográfica son anacrónicos, limitándose a reproducir a las fuentes clásicas. Presentan de forma esquemática las grandes formaciones montañosas así como algunos topónimos. Con el paso del tiempo se actualiza y enriquece la información, pero los mapas se llenan de contenidos fantásticos. Las ilustraciones se realizan a partir del santoral cristiano, siguiendo referencias bíblicas.

Fueron importantes también el mapamundi de Enrique de Maguncia (comienzos del siglo XII, que se guarda en Cambridge ) y el mapamundi de Lamberto de Saint-Omer (siglo XII).

En las sociedades árabes en cambio, se conservaron en gran medida los conocimientos clásicos. Las necesidades de gobierno y el activo comercio dentro de los territorios árabes facilitaron la recopilación de nuevos datos geográficos. Estos datos fueron sintetizados por grandes viajeros como Ibn Batuta e Ibn Jaldùn.

Ibn Batuta

Viajes de Ibn Batuta

 

Sobre todo destaca Al-Idrìsì (1099-1180) que realizó El libro de Rogerio donde reunió gran número de informaciones sobre las tierras conocidas y sobre diversos lugares, capitales y ciudades.

 

  

Los cosmógrafos medievales, especialmente a partir del siglo XIV, trazaron ya excelentes cartas geográficas del Mediterráneo y de los países que con él limitan, así como del norte de África- cuyos datos les daban los viajeros árabes- y aún de buena parte del Asia. Dichos cosmógrafos construían también astrolabios, brújulas y otros instrumentos náuticos.

Los astrolabios eran construidos de metal, cartón o madera. En ellos se representaban las principales constelaciones y tenían limbos para fijar las alturas y movimientos de los astros. Los astrolabios se aplicaron luego en náutica para determinar la altura del Polo, o la del Sol o la de una estrella determinada.

Algunas cartas geográficas más exactas, sobre todo en el trazado de las costas, aparecieron a partir del siglo XIII. Estos mapas servían especialmente para la navegación y fueron llamadas por esto portulanos o cartas de compás. Los mallorquines descollaron en la confección de estas cartas. También lo hicieron los pisanos y genoveses, que fueron muy notables navegantes.

A partir del siglo XIV se hallan registrados en los mapas los nuevos descubrimientos geográficos. Entre estos mapas es notable el Atlas de Abraham y Jafuda Cresques, de 1375. También destacan los de Andrea Bianco, de 1436, Giovanni Learno (1442), Andreas Walsperger (1445) y Fra Mauro (1459).

Atlas Cresques

Mapamundis de Andrea Bianco y Giovanni Learno

Mapamundi de Walsperger

Mapamundi de Fra Mauro

 

La geografía en los siglos XV al XVIII

Durante el siglo XV se produjo el fin de la presencia árabe en la península ibérica. Esta circunstancia liberó energías para realizar nuevas y grandes empresas. Una de las principales motivaciones de las Cruzadas habría sido la apertura para la cristiandad de la ruta de las especias, cuyo comercio estaba monopolizado por turcos y árabes. Este intento había fracasado hasta entonces. Poco a poco se abrió paso la idea de que era posible crear una nueva ruta por el contorno atlántico de África. Esta idea, pese a basarse en un relato de Herodoto sobre los fenicios, se enfrentaba con prejuicios ancestrales. Los mapas de Ptolomeo y las autoridades escolásticas de la época señalaban como impracticable el camino del sur. Surgió entonces en Portugal un príncipe visionario, que pasó a la historia con el nombre de Enrique el Navegante (1394-1460).

El infante Enrique se retiró a su castillo de Sagres, cerca del cabo de San Vicente, en el extremo sudoccidental de Portugal, y desde allí preparó, a lo largo de cincuenta años, el viaje marítimo con dirección a la India. Rodeado de cartógrafos y especialistas náuticos (Cristóbal Colón entre ellos), Enrique se procuró todos los mapas y libros imaginables, hizo venir a sabios árabes y judíos y les ordenó construir los mejores instrumentos y trazar numerosos mapas. Al mismo tiempo, fomentó el arte de la construcción de naves y en pocos años surgieron de sus astilleros las anchas naos y carabelas, embarcaciones de ochenta y cien toneladas capaces de soportar los azares atmosféricos y la navegación en alta mar. Este nuevo tipo de barcos exigió también la formación de navegantes expertos.

Bajo su impulso se descubrieron Madeira y las Azores, se superó el cabo Bojador (punto más meridional de África hasta entonces), y se exploró la costa africana hasta Sierra Leona. Poco después de su muerte, Vasco de Gama dobló el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India, y Álvarez Cabral descubrió Brasil.

 

 

Por las mismas fechas de finales del siglo XV, tuvo lugar el descubrimiento de América por Cristobal Colón.

 

Portulano o Carta Atlántica de Cristóbal Colón

 

Tal vez fue el florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli quien tuvo la genial idea de que también se podía llegar al país de las especies siguiendo una ruta en dirección al Oeste. Parece que envió a Colón una copia del mapa que había construido. Suponía Toscanelli que entre las costas occidentales de Europa y las orientales de Asia había una separación igual a los 2/3 de la esfera terrestre. El mapa de Behaim fue hecho de acuerdo con esta suposición.

Mapa de Toscanelli

Globo de Behaim

Los primeros cartógrafos que registraron en sus mapas los primeros descubrimientos hechos en América, dibujaron sólo los límites de la costa oriental de dicho continente, a medida que se exploraban, y dejaban imprecisos los límites del oeste, por creer primero que estaba aquella tierra unida a Asia. Cuando se hubo descubierto el mar del Sur y se hubo explorado aquella costa de América, se contorneó ya, aproximadamente, el continente sur-americano, y se supuso que era la parte norte de aquel continente la que estaba adosada a Asia. Así lo reflejan los mapas de entonces.

El error de Colón, de suponer que las tierras que descubrió pertenecían a Asia, quedó desvanecido con las sucesivas conquistas. De la idea antigua de la tierra tripartita (Europa, Asia y África), se pasó a la nueva idea de la tierra cuatripartita. La nueva parte fue llamada Nuevo Mundo u Otro Mundo.

Además, entre 1519 y 1522 se realizó la primera vuelta al mundo, comenzada por Magallanes y acabada por Juan Sebastián Elcano.

 

 

El alud de descubrimientos se vio acompañado por una auténtica revolución de la ciencia y los conocimientos geográficos. Aunque los reyes portugueses y españoles trataron de guardar en el más sigiloso secreto cada nuevo hallazgo de una isla o de un territorio, los cartógrafos no cesaban de producir nuevos mapas, que debían ser modificados y corregidos continuamente. Cabe citar, así, la tabla de Peutinger, itinerario antiguo de las vías de comunicación del imperio romano, con interesantes anotaciones hidrográficas y de relieve. Se trataba de una carta del siglo IV que fue hallada en 1507 por el humanista alemán Konrad Peutinger. También de 1507 data la edición del Atlante de Tolomeo, al que acompañaba la Cosmographiae introductio, en la que el cartógrafo alemán M. Walseemuller denominaba por primera vez al nuevo continente con el nombre de América, en honor de Americo Vespucio, a través de cuyos viajes quedó demostrado que el Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón era efectivamente un nuevo continente.

Tabla de Peutinger

Atlas Tolemáico

Mapamundi de Walseemuller

Además de esta publicación cartográfica, cabe destacar también el mapa de Juan de la Cosa, primero de tierras americanas (1500), junto con otros posteriores y más perfeccionados como los de Pedro Mártir de Angleria y Diego Ribeiro, el planisferio de Cantino (1502) o el de Piri Reis (1513). Cabe reseñar así mismo la escuela de Mallorca, principal centro cartográfico del Viejo Mundo durante el Renacimiento.

Mapa de Juan de la Cosa y Planisferio de Cantino

Mapa de Piri Reis

Pero la clave principal de la revolución geográfica tuvo que ver con la concepción del mundo. Ya no quedaban dudas de que la Tierra era redonda ni de que giraba sobre su eje. Entre 1473 y 1543 vivió Nicolás Copérnico, astrónomo polaco, en cuyo libro, De revolutionibus orbium celestium, se exponía el sistema heliocéntrico, según el cual el sol era el centro del universo y la tierra giraba alrededor suyo. Según Copérnico, la tierra tenía la forma de una esfera achatada por los polos. La teoría heliocéntrica también fue detenida por Kepler (1571-1630), que escribió Harmonice mundi, donde afirmaba que los planetas describían una órbita elíptica en uno de cuyos focos estaba el sol. Los planteamientos de Copérnico fueron asumidos asimismo por Galileo Galilei (1564-1642) en su Dialogo sopra y due sistemi del mondo, tolemaico e copernicano, obra por la que fue procesado y condenado a abjurar de sus ideas en 1633.

Destacados geógrafos del siglo XVI fueron, entre otros, Abraham Ortelius (1527-1598), al que se debe el primer atlas, y el flamenco Mercator (Gerard Kremer) (1512-1594), autor de un mapa para uso de navegantes y de la proyección cilíndrica.

 

Mapa de Ortelius

Mapas de Mercator

 

Los intentos de medir el meridiano los inició el francés Jean Fernel en 1528. La primera medición exacta la realizó Jean Picarde en 1670. La primera geografía científica es obra del holandés Bernardo Varenio (1622-1650), cuya Geographia generalis fue durante más de un siglo la preferida por los hombres de ciencia. Varenio dividió por primera vez la geografía en orografía, oceanografía, climatología, geografía matemática, geografía física y geografía humana. El método de Varenio anticipaba el nacimiento, en el siglo siguiente, de la geografía moderna. Los futuros geógrafos también se basaron en los descubrimientos realizados durante el siglo XVII en el ámbito de las ciencias naturales por Leibnitz, Pascal, Newton, Buffon, Hutton, Delue y otros.

 

Durante el siglo XVIII, ya no se trataba tanto de descubrir, para luego conquistar y colonizar, como de explorar y conocer a fondo el planeta. Todavía quedaban muchas islas en los mares que no habían sido pisadas, muchos accidentes geográficos desconocidos y mucha tierra virgen en el interior de los continentes, pero las nuevas expediciones tenían un carácter diferente, iban dirigidas al conocimiento específico y sistemático y contaban con la presencia de científicos, geólogos y botánicos. Sin embargo, navegar por los mares era una aventura sumamente arriesgada y procelosa, como prueban las aventuras del inglés George Anson (1697-1762), que recorrió todos los mares saltando de isla en isla al asalto de buques españoles y franceses y consiguiendo magníficos botines, por cuyos méritos fue nombrado par del reino, con el título de lord.

Entre las expediciones científicas del siglo XVIII cabe citar la realizada por Niebuhr en Arabia entre 1761 y 1766. Más significativos fueron los viajes del Endeavour, capitaneado por James Cook, entre 1768 y 1771. Este fue el primero que incluyó en su tripulación a un naturalista y a un astrónomo, y que partió con el fin de realizar una exploración detallada de los territorios a los que llegaba. El Endeavour recorrió los mares del Sur desde Australia, por Tasmania y Nueva Zelanda, y fijó la posición de numerosas islas. En un segundo viaje, Cook alcanzó los hielos antárticos. En el tercero, tras descubrir las islas Sandwich, murió en una escaramuza con los indígenas. Cook dejó un libro titulado Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo.

Viajes de James Cook

Mapa de Terranova de Cook

Entre 1766 y 1769, el francés Bougainville dio la vuelta al mundo y a él se debe el descubrimiento de Tahití. Bougainville murió cuando proyectaba un viaje al Polo Norte. Otros navegante por el Pacífico fue La Pérousse quien desapareció en un naufragio junto a la isla de Vanikoro en el año de 1788.

En el reinado de Carlos III y apadrinadas por el conde de Aranda, partieron desde España diferentes expediciones botánicas y científicas que exploraron el interior del continente americano por diversas rutas. Por desgracia, el desorden político llevó a la pérdida de materiales valiosísimos, algunos de los cuales no pudieron recuperarse hasta el siglo XX. En julio de 1789 zarparon de Cádiz La Descubierta y La Atrevida, capitaneadas por Alejandro Malaspina. Tenía el fin de trazar un mapa exacto de las posesiones españolas de ultramar, estudiar el litoral y colaborar en la resolución de problemas científicos que exigiesen realizar experimentaciones en distintos puntos del globo.

Por su parte, los franceses realizaron expediciones para medir el arco del meridiano en Laponia y junto al ecuador, dejando así confirmada la teoría del achatamiento de la esfera terrestre por los polos. A estas expediciones pertenecen los viajes de Maupertius y el de La Condamine.

 

Siglo XIX: los antecedentes de la geografía moderna

 

La primera mitad del siglo XIX será fundamental para el desarrollo de la geografía moderna y para su institucionalización universitaria. Varios autores han señalado diversas condiciones de posibilidad en su desarrollo:

  • Los viajes de exploración que proporcionaron todo un caudal de nuevos datos y experiencias.
  • La expansión colonial europea, muy vinculada con las sociedades geográficas que popularizaron los conocimientos geográficos y crearon un estado social de opinión favorable hacia la geografía.
  • El desarrollo del nacionalismo, que dará a la disciplina una función social y política vinculada a la consolidación del sentimiento nacional.
  • La elaboración de los proyectos conceptuales para la geografía desarrollados por Humboldt y Ritter.
  • El reconocimiento de la geografía como una disciplina escolar que conllevará la creación de cátedras de geografía para formar profesores.

 

Para algunos autores (como H. Capel) es esta última condición el factor principal en el desarrollo de la geografía a finales del siglo XIX.

Alejandro de Humboldt (1769-1859)  Fue un geógrafo, naturalista y explorador prusiano, hermano menor del lingüista y ministro Wilhelm von Humboldt.

Es considerado el "Padre de la Geografía Moderna Universal". Fue un naturalista de una polivalencia extraordinaria que no volvió a repetirse tras su desaparición. Los viajes de exploración le llevaron de Europa a América del Sur, parte del actual territorio de México, EE.UU., Canarias y a Asia Central. Se especializó en diversas áreas de la ciencia como la etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, geografía, geología, mineralogía, botánica, vulcanología y el humanismo.

Los textos suramericanos de Humboldt comprenden treinta volúmenes publicados en treinta años. Compuestos de libros científicos, atlas, tratados de geografía y economía de Cuba y México, una narrativa de sus viajes y un examen crítico de la historia de la geografía del Nuevo Continente. Humboldt escribe sus textos científicos en colaboración con otros científicos. Dedicó el volumen consagrado a geología a su amigo Goethe. En su “Cosmos”, cuyo objetivo era comunicar la excitación intelectual y la necesidad práctica de la investigación científica, describe en cinco volúmenes todos los conocimientos de la época sobre los fenómenos terrestres y celestes.

Se atribuye a Humboldt la invención de nuevas expresiones, como isodinámicas, isotermas, isóclinas, Jurásico y tempestad magnética. Desarrolló las bases de la geografía física, la geofísica y la sismología. Demostró que no puede haber conocimiento científico sin experimentación verificable.

Humboldt pretendía fundar lo que él mismo denomina como “Descripción física de la Tierra”, es decir, lo que hoy se entiende como una geografía física integrada. Una disciplina capaz de integrar los distintos elementos del mundo natural. Este proyecto se plasmará en su gran obra Cosmos.

 

Carl Ritter (1779-1859) por su parte esbozará un proyecto muy diferente. Ritter ocupó un puesto de catedrático de geografía en la Universidad de Berlín desde 1820 hasta su muerte. Su obra principal la Geografía General Comparada constaba de 21 volúmenes con una ingente masa de informaciones. Para Ritter el objetivo de la geografía científica es “la organización del espacio en la superficie terrestre y su papel en el devenir histórico (del hombre)”, un proyecto que se situaba en el marco de la tradición intelectual alemana de la filosofía de la historia desarrollada por Herder y Hegel.

Entre sus logros, destacan las explicaciones de las relaciones existentes entre el medio físico y la vida del hombre, prestando menos atención a los fenómenos físicos y poniendo el acento en la vida social y los procesos históricos.

El impacto de Ritter en la Geografía ha sido especialmente destacable porque fortaleció una nueva concepción de la misma. Según su punto de vista, "la geografía es un tipo de fisiología y de anatomía comparativa de la Tierra: ríos, montañas, glaciares, etc., son distintos órganos cada uno de los cuáles posee sus propias funciones, y, como éste marco físico es la base del hombre, determinándolo durante toda su vida, así la estructura física de cada país es un elemento decisivo en el progreso histórico de cada nación."

"La Tierra es un individuo cósmico con una estructura particular, un ens sui generis con un desarrollo progresivo: la exploración de esta individualidad de la Tierra es la tarea objeto de la geografía".

La obra de ambos autores aún teniendo gran importancia y ejerciendo una fuerte influencia posterior en muchos geógrafos, no tuvo continuidad en el tiempo. Autores como Paul Claval han señalado el fuerte retroceso que experimento la investigación geográfica entre la muerte en 1859 de estos dos grandes intelectuales y la década de 1870 cuando comienzan a crearse múltiples cátedras de geografía en Alemania.

 

La exploración del interior del África data del siglo XIX. El inglés John Barrow recorrió la actual Sudáfrica y Namibia; el español Domingo Badía, arabizado como Ali Bey, realizó un singular periplo por el norte de Africa y Arabia, hasta La Meca, y Mungo Park exploró el Senegal. No obstante, las expediciones más singulares fueron las realizadas para descubrir las fuentes del Nilo. A partir de 1849, el inglés Livingstone cruzó a lo ancho el continente negro, descubriendo las fuentes del río Congo y las cataratas Victoria. Tardó tanto en regresar que se le dio por perdido, lo que obligó a Stanley a partir en su busca, dando con él a orillas del lago Tanganyka. Este lago había sido descubierto en 1858 por el inglés Richard Burton. Por fin, en 1862, Speeke y Grant localizaron las fuentes del Nilo.

Mapa de Barrow

Alí Bey y mapa de Chipre

Viajes de Mungo Park en el Niger

Viajes de Livingstone, Stanley y Cameron

Richard Burton

Viajes de Speke y Grant

El conocimiento del interior del Asia aumentó paulatinamente gracias a las expediciones rusas, suecas, inglesas y francesas. El guardado secreto del Tibet se develó cuando dos misioneros franceses, Hue y Gabet, lograron llegar hasta Lhasa. El catalán Sinibaldo fracasó en ese mismo propósito, aunque a él se deben interesantes estudios relativos al interior de China. También durante el siglo XIX se completó la exploración del interior del continente australiano que Leichhardt atravesó de norte a sur en 1845. Mientras tanto, en Estados Unidos se exploró, la cuenca alta del Mississipi, las Rocosas y los accidentados territorios de Utah y Nevada.

 

 

Geografía Moderna

 

La institucionalización de la geografía

 

En Alemania es donde la geografía experimentará un fuerte impulso, principalmente asociado a la enseñanza primaria y secundaría. En 1870 sólo existían en este país tres cátedras de geografía. Sin embargo para 1890 prácticamente todas las universidades alemanas poseían enseñanza especializada en geografía gracias a la decisión del Ministerio de Educación de Prusia. Alemania configurará en este aspecto un verdadero modelo para Europa, especialmente para Francia. Las cátedras serán ocupadas por estudiosos de diversa formación. Así, por ejemplo, A. Kirchoff era historiador y filólogo.

F. von Richthofen era un prestigioso geólogo, que en el curso de su carrera se convirtió en uno de los geógrafos más importantes de aquellos tiempos, aunque es más conocido por la acuñación del término “Ruta de la seda” para designar las vías de comercio entre Asia y Europa durante varios siglos.

Para Richthofen el dominio propio de la geografía es muy amplio, básicamente la superficie terrestre (la cual incluye la litosfera, la hidrosfera y la atmósfera) y todos los fenómenos que están en relación de causalidad con ella incluido el hombre.

Richthofen distinge además tres grandes áreas dentro de la geografía. La geografía especial o corográfica, la geografía general y la geografía corológica. La geografía corográfica es esencialmente un estudio descriptivo y preparatorio de acumulación de datos en un área determinada de la superficie terrestre. La geografía general que se divide en geografía física, geografía biológica y antropogeografía, analiza estos datos y los clasifica desde un punto de vista temático y comparativo. Por último, la geografía corológica representa la culminación explicativa del trabajo geográfico ya que reconstruye las relaciones de caudalidad entre todos los fenómenos que coexisten en un área determinada.

Metodológicamente Richthofen no veía diferencias entre la geografía y otras ciencias y abogaba por utilizar puntos de vista tanto morfológicos como genéticos así como por la especialización temática del geógrafo.

F. von Richthofen

Friedrich Ratzel era farmacéutico por formación y zoólogo por su trabajo posterior. Ejerció como profesor de geografía en las universidades de Leipzig y Múnich.

Realizó viajes por Europa (1869) y América (1872-1875). Si bien no fundó la geopolítica (el primero en hablar de este término fue Rudolf Kjellén) fue uno de sus mayores exponentes. Influido por las ideas de Darwin y por tesis deterministas del siglo XIX, reflexionó sobre las relaciones existentes entre espacio geográfico y población, e intentó relacionar la historia universal con las leyes naturales. Del mismo modo Ratzel jugó un importante papel en la antropología evolucionista, contraponiéndolo a la idea de que las poblaciones necesitan difundir sus rasgos culturales más allá de su ambiente original y que, a su vez, los contactos con otros pueblos permiten el desarrollo.

Friedrich Ratzel

En Francia la institucionalización de la geografía seguirá los pasos de Alemania. Sin embargo, la geografía en Francia será desarrollada principalmente por historiadores como Paul Vidal de La Blache, Bertrand Auerbach o Émile Berlioux.

Vidal de la Blache fue un precursor de la geografía regional francesa y del estudio de la región y la comarca (pays) como áreas donde se realizan las relaciones entre fenómenos físicos (milieu) y humanos (genre de vie, género de vida) y que dan lugar a un paisaje particular (paysage). Combatió decididamente el determinismo ambiental, lo que posteriormente Lucien Febvre denominó posibilismo, y era partidario de una aproximación científica a los fenómenos de tipo inductivo e historicista.

En Gran Bretaña, la institucionalización universitaria será más tardía con fuerte oposición de geólogos e historiadores. En este proceso desempeño un papel fundamental la Royal Geographical Society que ofreció a las universidades de Oxford y Cambridge una ayuda económica para la creación de plazas de profesor. Halford Mackinder, historiador de formación, ocupará el puesto en la universidad de Oxford logrando una gran popularidad. F.H Guillemard, médico y zoólogo lo hará por la de Cambridge.

Halford Mackinder argumenta que la política geográfica, la Geopolítica, está condicionada por las realidades físicas de la geografía de los países, las cuetiones políticas dependen de los resultados de las incidencias entre el hombre y su entorno, el entorno, según Mackinder, incluye «la configuración de la superficie de la tierra», el clima, la vegetación, la ausencia o abundancia de recursos naturales. Este texto es la base de la Geopolítica. Mackinder sugirió que la supremacía británica estaba en peligro frente a los vastos poderes continentales dotados de condiciones físico-geográficas permanentes (Rusia, Estados Unidos).

Para Mackinder existe un gran continente «la Isla Mundo» dividida en 6 regiones Europa Costera (Oeste y Centro Europa), Asia Costera (India, China, Sudeste Asiático, Corea y Este de Siberia), Arabia (Península Arábica), el Sáhara (Norte de África) el Sud-Centro del Mundo (Sudáfrica) y el más importante el Centro del Mundo o «Heartland» (Eurasia) lo que denominó el Pivote del Mundo en su ensayo de 1904. «Quién controle Europa del Este dominará el Pivote del Mundo quien controle el Pivote del Mundo dominará la Isla Mundo quien domine la Isla Mundo dominará el mundo».

Halford Mackinder

 

El proyecto de una geografía científica: Geografía física y Antropogeografía

 

La geografía moderna no surge por lo tanto como una disciplina formada y definida. Las diversas propuestas que aparecen para delimitar el campo de la geografía no son coincidentes ni compartidas, hecho que se prolonga hasta la actualidad. En un primer momento, la geografía científica que se desarrolla en las universidades alemanas comienza a definirse sobre todo como geografía física y más concretamente como fisiografía o geomorfología. El trabajo de los geólogos y geógrafos alemanes, Richthofen, Peschel y Penck será fundamental en esta línea. De hecho será F. von Richthofen el primero en definir la geografía como la ciencia de la superficie terrestre con lo que eliminaba de la geografía moderna los temas preinstitucionales de la geografía astronómica, de la geografía matemática y de la cartografía. Así mismo la geografía dejaba de ser la ciencia que estudia el planeta entero, para centrarse en su superficie.

Sin embargo será el proyecto de F.Ratzel (1844-1904) el que alcanzará un mayor calado y difusión. Ratzel en el marco del positivismo de finales del siglo XIX y muy influido por la obra de Darwin, de Haeckel y de Ritter, realizará la propuesta de una disciplina centrada en las influencias del medio físico sobre el hombre, a la que denominará como Antropogeografía (1882). Será una disciplina puente entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, una explicación naturalista de los hechos sociales centrada en estudiar la naturaleza de las sociedades y sus diferencias y en describir la difusión de los rasgos culturales y los movimientos migratorios de los grupos humanos. En definitiva la Antropogeografía de Ratzel intentaba encontrar las causas naturales de los hechos humanos.

El éxito de esta propuesta para la geografía será bastante grande al menos en un primer momento. Influyo tanto en la geografía francesa a través de J. Brunhes y Vidal de la Blache como en la geografía inglesa a través de H. Mackinder y sobre todo en la naciente geografía estadounidense, hasta entonces fundamentalmente física y desarrollada por científicos de formación naturalista como William Morris Davis o R.Salisbury, a través de una discípula directa de Ratzel, Ellen Churchill Semple.

En Francia Élisée Reclus (1830-1905), discípulo de Ritter, realizará una obra profundamente personal y popular, pero que paradójicamente no obtendrá reconocimiento por parte de las instituciones oficiales francesas ni tendrá continuidad hasta su redescubrimiento por parte de los geógrafos radicales en la década de los 70. Desde una ética anarquista, Reclus se centrará en las relaciones entre los grupos humanos y el medio natural, en “reconocer el lazo íntimo que reúne la sucesión de los hechos humanos y la acción de las fuerzas telúricas”.

Reclus

 

La geografía clásica: regiones y paisajes

 

En los últimos decenios del siglo XIX comienza a surgir una reacción contra el positivismo y el naturalismo. En geografía esto coincide con una fuerte crítica de las hasta entonces exitosas ideas ambientalistas provenientes de autores como F. Ratzel. La separación conceptual entre naturaleza y espíritu y correlativamente entre ciencias naturales y ciencias sociales se acentúa, lo que afecto al núcleo de la formulación geográfica como una ciencia puente centrada en las relaciones hombre – medio.

Como alternativa comienza a configurarse una nueva geografía que tendrá como conceptos centrales los de región y paisaje. Se afirma el carácter concreto (idiográfico) de la geografía frente a las pretensiones generalizadoras (nomotéticas) del ambientalismo y cobran mayor fuerza las explicaciones de tipo historicista y el inductivismo como método de conocimiento. Los protagonistas de esta verdadera transformación conceptual serán Alfred Hettner en Alemania, Paul Vidal de la Blache y Lucien Febvre en Francia y más tardíamente Carl Sauer y Richard Hartshorne en Estados Unidos, donde la tradición ambientalista tuvo un mayor arraigo.

Sin embargo la geografía regional y la geografía del paisaje se configuraron de forma independiente y en parte enfrentada. Puede decirse que mientras la geografía ambientalista configuraba una ciencia – relación centrada en la interacción entre los grupos humanos y el medio físico, la geografía regional configuraba una ciencia – método (la geografía como punto de vista). La geografía del paisaje se desarrollaría en cambio de una forma más ortodoxa como una ciencia – objeto (el paisaje como producto material o reflejo de un grupo humano).

Alfred Hettner (1859-1941) es quien da forma, de modo más sistemático, a la geografía regional. Para Hettner el estudio de la historia de la geografía mostraba la existencia de dos conceptos de esta ciencia. La de Erdkunde, es decir, la geografía como geografía general, y el de la Landerkunde o enfoque regional o corológico. Si anteriormente había sido posible aceptar a la geografía como una ciencia general de la Tierra, el nacimiento de disciplinas como la geología, la geofísica o la geodesia, hacían imposible esta formulación, con lo que el enfoque regional era el único posible. Así mismo Hettner criticó la definición de Richthofen de la geografía como ciencia de la superficie terrestre, ya que "estudios de la superficie terrestre como tal, es decir, sin tener en cuenta las diferencias locales, no son todavía geográficos". También descartó otras posibles visiones de la geografía como la propuesta de una ciencia del paisaje puesto que “la homogeneidad de la geografía […] no puede, por consiguiente, basarse en la unidad de paisaje, sino que sólo puede ser establecida a partir de la naturaleza interna de regiones, paisajes y localidades” y tampoco era partidario de entender la geografía como una ciencia de las distribuciones espaciales dado que “el dónde de las cosas es –al igual que su cuando, que la distribución y difusión local […]-, una característica, una cualidad de las cosas o fenómenos […] y tiene que ser por fuerza abarcada por las ciencias sistemáticas”. Así pues para Hettner: “únicamente cuando concibamos los fenómenos como propiedades de los espacios terrestres, estaremos haciendo geografía” y la geografía no era por lo tanto ni una ciencia natural ni una ciencia social, sino ambas cosas a la vez ya que “la naturaleza y el hombre forman parte inseparable de la caracterización de las regiones”. En Estados Unidos R. Hartshorne (1899-1992) introducirá, aunque tardíamente las ideas hettnerianas en su influyente obra The Nature of Geography (1939).

Será sin embargo en Francia con Vidal de la Blache (1845-1918) y sus múltiples discípulos (A. Demangeon, E. de Martonne, J.Sion, M.Sorre...) donde se popularizará en mayor medida esta nueva visión de la geografía. La geografía se transformaba en disciplina de los espacios únicos o regiones; en una ciencia de síntesis o en una ciencia que no se definía por objeto sino por su punto de vista. La geografía general se integraba como un simple instrumento preparatorio para realizar la síntesis regional como caracterización de los elementos inorgánicos (morfología, hidrografía, climatología…), orgánicos (fauna y flora) y humanos (poblamiento, población, organización política y económica…) de las distintas regiones. Además esta geografía regionalista será bastante critica con la geografía ambiental de estirpe ratzeliana aunque Vidal no dejará de reconocer y apreciar la obra de Ratzel por “reconstruir la unidad de la ciencia geográfica, sobre la base de la naturaleza y la vida”. Por lo tanto la geografía vidaliana no renunció en absoluto a la tradición ecológica, es decir, a ver al hombre inserto en el medio natural ya que según Vidal “la geografía humana no se opone en sí misma a una geografía de la que excluido el elemento humano; tal cosa no ha existido sino en las mentes de unos pocos especialistas exclusivos”, hecho que se concretó en la propuesta de L. Gallois de conceptualizar las regiones como regiones naturales sobre las que los grupos humanos desarrollarían sus géneros de vida.

Un importante historiador L. Febvre (1878-1956) será el que se encargará de “triturar” finalmente el ambientalismo en su obra La tierra y la evolución humana (1922). Febvre además será el introductor de la doctrina posibilista, es decir, se encargará de remarcar la libertad relativa de los grupos humanos frente al medio físico y realizará también una importante defensa de la geografía frente a la naciente sociología francesa liderada por E. Durkheim que pretendía sustituir a la geografía por una subdisciplina sociológica denominada morfología social.

Paralelamente a la configuración de la geografía regional, se propone la formulación de la geografía paisajística e incluso para muchos geógrafos se producirá una identificación entre los conceptos de paisaje y región. La propuesta del paisaje como objeto de la geografía está muy vinculada con una profunda corriente cultural del ámbito alemán con precedentes por ejemplo en Hegel. Su incorporación a la geografía se inicia en Alemania, con autores como S. Passarge y O. Schlüter. La geografía del paisaje se preocupa sobre todo por el resultado material de las transformaciones humanas en la superficie terrestre. En Francia fue el discípulo de Vidal, Jean Brunhes (1869-1930) el que primero incorporó a su obra el estudio del paisaje. Brunhes fue el autor del primer manual sistemático de geografía humana publicado en lengua francesa en 1910. En éste, Brunhes centra la atención en los productos materiales y visibles de la interacción entre hechos físicos y humanos: la casa, el camino, el campo de cultivo y la devastación animal y vegetal como resultados del trabajo serían el objeto de la geografía humana. En Estados Unidos las ideas alemanas fueron introducidas en 1925 por Carl O. Sauer. Éste veía a la geografía como una ciencia que estudiaba la morfología del paisaje y especialmente la transformación de los paisajes naturales en paisajes culturales por la acción de las diversas culturas.

La institucionalización de la geografía en España

En España, la institucionalización de la geografía fue considerablemente tardía con respecto a los países europeos más avanzados. Realmente esta institucionalización no comenzó hasta después de la guerra civil (1936-1939) aunque es cierto que anteriormente hubo importantes estudiosos de la geografía como Pablo Vila o Gonzalo de Reparaz que vieron interrumpida su labor por el exilio o por otras causas. La institucionalización de la geografía en la universidad se fundamentó básicamente en el cumplimiento de dos funciones: la formación de profesores para la enseñanza y el papel de soporte ideológico del régimen.

Los profesores que tendrán un papel más destacado en este proceso serán, José Manuel Casas Torres, catedrático de geografía en la Universidad de Zaragoza desde 1944 hasta 1966 y posteriormente catedrático en la Universidad Complutense de Madrid y Manuel de Terán Álvarez (1904-1984) catedrático de geografía en la universidad de Madrid desde 1951. También hay que destacar la importante labor del instituto Elcano del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) creado en 1940 y donde se publicó (y se continua publicando) la que sería la revista geográfica más importante de España, Estudios Geográficos.

La geografía española estará fuertemente influida por las ideas de la geografía francesa y en menor medida por las de la geografía alemana. Esta influencia se dejara notar tanto en las concepciones de la geografía española sobre la propia disciplina como en los métodos de trabajo. Para Manuel de Terán: “la región, los medios geográficos, el complejo o combinación de hechos de superficie, según la expresión de Allix, el paisaje, he aquí lo que asegura a la geografía su autonomía y el criterio de certeza para todo deslinde de campos y competencias con otras ciencias de la Tierra”. Los geógrafos españoles aceptarán en su mayoría, por lo tanto, la ideas de que la geografía es sobre todo una ciencia regional – paisajística. Las monografías regionales serán, así mismo, el método por excelencia de la primera geografía española.

 

La geografía teorético — cuantitativa

 

A partir de la década de 1950, la geografía conoció una profunda crisis en Inglaterra y Estados Unidos que desemboco en la creación de la denominada geografía teorético – cuantitativa o simplemente “nueva geografía”. La aparición de esta nueva geografía coincide con tendencias parecidas de crisis y cambio en otras disciplinas, especialmente dentro del campo de las ciencias sociales. La base común de todos esos cambios es el retorno a un neopositivismo filosófico, es decir, se reivindica un único método científico válido para todas las ciencias con independencia de su objeto de estudio, se rechazan los procedimientos cualitativos frente a los cuantitativos, se pone el énfasis en la construcción de modelos y la búsqueda de leyes y se aboga por cierto reduccionismo naturalista y más concretamente fisicalista.

Dentro de la geografía un hito significativo será la publicación en 1953 del artículo de F. K. Schaefer Excepcionalismo en Geografía. Schaefer atacaba duramente a la concepción regional, especialmente tal y como la expuso R. Hartshorne. Frente a esta concepción a la que denominaba como excepcionalista por centrarse en lo único (la región, el paisaje), Schaefer abogaba por una geografía estandarizada, en cuanto a los métodos, con el resto de las ciencias, que tuviera por objetivo fundamental “la formulación de leyes que rigen la distribución espacial de ciertas características en la superficie de la tierra”.

Otros hitos importantes en la revolución cuantitativa serán la publicación en 1962 de la obra Theoretical Geography de William Bunge. Para esta fecha la nueva geografía se había desarrollado bastante en los Estados Unidos a partir de las universidades de Wisconsin (Madison) y de Washington (Seattle), donde se formaron importantes geógrafos cuantitativos como Brian J.L. Berry y Richard L. Morrill. Desde Estados Unidos el movimiento se transmitió pronto a Gran Bretaña y a Suecia. En otros países como Francia o España, donde la concepción regionalista y paisajística tenía una fuerte influencia, la recepción de esta nueva visión de la geografía y de sus métodos fue mucho más tardía, ya que se prolongo hasta finales de los años 60 principios de los 70 y además su influencia fue considerablemente inferior. La geografía cuantitativa recuperará autores y obras más o menos olvidadas o no tenidas en cuenta antes por la geografía como la Teoría de los lugares centrales de Walter Christaller (Los lugares centrales en la Alemania meridional, 1933) o J. von Thünen (1783-1850) sobre la distribución de los usos agrícolas del suelo.

Pero la geografía cuantitativa no sólo incorporó nuevos métodos y un nuevo objeto de estudio (la explicación de la distribución de fenómenos sobre la superficie terrestre) sino que influyo también en la reformulación de la tradición ecológica y de la tradición regional que siguieron, por lo tanto, estando presentes en el trabajo geográfico desde estas nuevas posiciones y desde las concepciones tradicionales. Edward Ackerman en 1963 afirmaba que el problema fundamental de la geografía era “nada menos que la comprensión del enorme sistema de interacción que comprende toda la humanidad y su medio ambiente natural sobre la superficie terrestre”, con lo que reafirmaba, de forma renovada, un campo de estudio tradicional. Así mismo dentro de la geografía física se explora la utilidad de nuevas concepciones como la de ecosistema, geosistema o ecología del paisaje. El estudio de la región también se replantea. Aparece, en estrecha relación con el desarrollo de una subdisciplina económica, la ciencia regional, el concepto de región polarizada o funcional. La región deja de considerarse un paisaje homogéneo para empezar a caracterizarse como un sistema de relaciones funcionales, donde sus distintos elementos y muy especialmente la metrópoli regional, aparecen cohesionados por flujos de todo tipo (de gentes, bienes, capitales, información…). En el campo de la geografía urbana se dejará notar el influjo de la escuela de ecología humana de Chicago liderada por R. E. Park, especialmente por su atención a la organización espacial de las ciudades (modelo zonal de Burguess y Hoyt).

 

La geografía del comportamiento, la geografía radical y la geografía humanista

 

Durante la década de 1960, al mismo tiempo que se imponía la visión neopositivista de la geografía, comienzan a surgir las primeras críticas hacia esta visión de la geografía y empezarán a esbozarse propuestas alternativas. El eje común de todas las críticas será la aceptación, muchas veces poco reflexiva, de la filosofía neopositivista. Se criticará su excesivo formalismo, su reduccionismo fisicalista y su obsesión por buscar leyes y construir teorías generalizadoras. Las críticas comenzarán a converger en torno a tres alternativas: la geografía del comportamiento, la geografía radical y la geografía humanista.

Desde dentro del propio paradigma de la geografía cuantitativa se descubre la dimensión psicológica de los agentes humanos y se pone de manifiesto la insuficiencia de los modelos teóricos elaborados para explicar la localización de actividades y usos del suelo. Se plantea el problema de las desviaciones entre los comportamientos esperados, de acuerdo con los modelos existentes de corte economicista (hombre económico racional) y los comportamientos reales que necesariamente responden a otras variables. Todo este movimiento teórico condujo a una preocupación por la percepción humana, los mapas mentales, las imágenes públicas, etc.

En gran medida influidos por los movimientos sociales de finales de los 60 y principios de los 70, los geógrafos se sentirán profundamente descontentos con el estado de la geografía y su despreocupación por temas de relevancia social. Un importante teórico como David Harvey autor del manual de nueva geografía Explanation in Geography (1969) dirá en 1972 que “la revolución cuantitativa ha seguido su curso y aparentemente los resultados son cada vez menos interesantes” y que “nuestro paradigma no está a la altura. Está maduro para un derrocamiento”. Surge así la que se denominará geografía radical. Esta geografía alternativa pretende ser comprometida y contribuir a los cambios revolucionarios que la sociedad necesita. Critica la pretendida neutralidad y el cientificismo de la geografía cuantitativa y busca nuevos temas de estudio como la pobreza y los pobres, los ghetos, las condiciones de vida urbana (servicios públicos, crisis de la vivienda…), el bienestar social (a través de la geografía del bienestar), el imperialismo y neocolonialismo, etc. Una revista como Antipode: A radical Journal of Geography editada por Richard Peet será fundamental en todo este movimiento renovador.

Desde un plano más teórico, la geografía radical empezará a introducir el marxismo dentro de la geografía. Se configura progresivamente, una geografía marxista muy cercana a las ciencias sociales. Con grandes influencias del estructuralismo marxista francés (Lefebvre, Althusser, Castells) el espacio y las configuraciones espaciales de la vida social se definirán como un producto social, es decir, como un hecho social que debe entenderse en el marco de las estructuras sociales correspondientes y por lo tanto en el contexto de una geografía entendida como ciencia social. En Francia el movimiento radical también tendrá sus repercusiones y culminará en la creación, por iniciativa personal de Yves Lacoste, de la revista de geopolítica Herodote (1976).

Por último, la reacción antipositivista también inspiró otra corriente dentro de la geografía, la denominada como geografía humanista. La geografía humanista podrá el énfasis en los aspectos humanos de la geografía, es decir, en los significados, valores y propósitos de las acciones humanas. Se corresponde con las visiones centradas en el sujeto y más hermenéuticas de las ciencias sociales, frente a las visiones más estructurales de la geografía radical. La geografía humanista recibe fuertes influencias de filosofías como el existencialismo o la fenomenología de Husserl. Frente al espacio abstracto de la geografía cuantitativa o el espacio producto social de la radical, la geografía humanista se concentrará en el espacio vivido, en el lugar como ámbito afectivo de la experiencia humana. Además los geógrafos humanistas como Anne Buttimer recuperan la tradición teórica de la geografía clásica, especialmente francesa, valorando muy positivamente las figuras de geógrafos como P. Vidal de la Blache, Jules Sion o Max Sorre.

 

Nueva Geografía Regional y otras líneas de investigación emergentes

 

Desde mediados del decenio de 1980 se han producido diversas propuestas para renovar la geografía regional, antiguo epicentro de la geografía. Ya desde finales de los setenta, D. Gregory calificaba de tarea vital el revitalizar los estudios regionales y la reformulación del concepto de región. En palabras del propio Gregory: “Necesitamos saber algo sobre la constitución de las formaciones sociales regionales, de las articulaciones regionales y de las transformaciones regionales”. Pero estas propuestas de recuperación de la geografía regional son diversas. Desde los que plantean una vuelta sin más a la síntesis geográfica clásica, hasta los que buscan una nueva geografía regional fundamentada en el marco de las ciencias sociales y de la teoría social. En esta última perspectiva, se subraya el carácter de construcción social de las regiones. Las regiones ya no serán entes permanentes que el geógrafo se encarga de identificar y describir, sino auténticas formaciones socioespaciales que se construyen, cambian y pueden desaparecer. La influencia de la teoría de la estructuración de A.Giddens en estas nuevas formulaciones será bastante marcada.

También durante la década de los 80 y la de los 90 se produce el surgimiento de nuevos campos de investigación geográfica. Destacan especialmente, la aparición de la geografía de género o feminista, los estudios poscoloniales, la nueva geografía cultural y la revitalización de una disciplina geográfica antigua pero largo tiempo marginada, la geografía política.

 

La geografía a comienzos del siglo XXI

 

En el siglo XXI la geografía se presenta como un campo amplio y variado con potencialidades y también con problemas. Tras más de cien años de desarrollo institucional, los geógrafos no han conseguido consensuar un marco teórico común ni unos objetivos generales de investigación que integre el desarrollo de las distintas subdisciplinas geográficas, por lo que muchos teóricos reconocen que más que haber geografía hay de hecho un conjunto de ciencias geográficas cada una con sus propios objetos y métodos. Persisten los dualismos y la separación tradicional entre una geografía general y una geografía regional así como entre la geografía física y la geografía humana. Las diversas concepciones de la geografía conviven en la investigación en una actitud de cierto eclecticismo. Pero, por otro lado, la geografía ha experimentado cambios importantes en su historia moderna. Se ha producido un gran desarrollo de las geografías sistemáticas, se ha profundizado en temas de investigación totalmente nuevos como el imperialismo, la desigualdad socioterritorial, la urbanización de los espacios rurales, los riesgos e impactos ambientales, etc y se han incorporado nuevas técnicas y métodos de gran valor (teledetección, SIG, estadística…).

 

 

 

 

 

     

    Actualizado el 25/11/2009          Eres el visitante número                ¡En serio! Eres el número         

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