PRINCIPAL

MAPA WEB

VENATOR LIBRIS

FAVORITOS DE 10 EN 10

IMAGENES

ENLACES

BLOG

                  

 

 

Buscar en:

Google

Wikipedia

Real Academia

 

 

 

 

Logo de letraherido.com:

 

 

 

 

EL LIBRO NEGRO

Leon Arsenal

 

 

 

Ahora que pienso en ello, no sé por qué, pero imaginaba de otra forma al dueño del Libro Negro. Desde luego, no esperaba encontrarme con un hombre fuerte y entrado en años, con algo que me recordaba a los tenderos de  antes: uno de aquellos personajes de mandiles a rayas que conocían el  nombre de sus clientes y que atendían el mostrador con un lápiz detrás de  la oreja. Y, sin embargo, un hombre así fue quien respondió a mis llamadas.

 

 -El Libro Negro - dije simplemente -.
 -¿El Libro Negro? - me miró con expresión perpleja.
 -El Libro Negro - asentí, sin dejarme confundir por su falsa ignorancia -,  usted lo tiene.


Dudó un par de segundos, estudiándome pensativamente. Luego, con un gesto, me franqueó el umbral de su casa. Aquel hombre vivía con modestia, en un piso interior de paredes empapeladas. Le seguí hasta un salón minúsculo y sombrío, abarrotado de viejos muebles oscuros y macetas con plantas de interior. Me señaló una silla, cerrando los visillos de la ventana. Con el  índice, se ajustó las gafas de gruesos cristales.

 

 -Poca gente ha oído hablar del Libro Negro.

 

Acepté ese hecho con un vaivén de la cabeza.

 
 -La primera vez que supe del Libro Negro, fue hace casi veinte años - entonces, recordé mis buenos modales -. Disculpe por presentarme de esta forma en su casa. Desde que tuve la certeza de que el libro existía, he dedicado mucho tiempo a descubrir su paradero, y no ha sido nada fácil.  Por supuesto, usted no sabe nada sobre mí y...

 

Me interrumpió con un gesto, dando por buenas mis explicaciones.


-No soy bebedor, pero puedo ofrecerle un café.
-Gracias – decliné -, pero no se moleste por mí.
-Bien, un minuto.- y se marchó por el pasillo.

 

Cuando volvió, sentí que el corazón me daba un vuelco. Entre las manos traía un tomo grueso y grande, como esos volúmenes que vemos expuestos  tras las vitrinas de los museos y que solemos asociar con la antigüedad.

 
-El Libro Negro - dijo con cierta solemnidad, y lo depositó sobre la mesa.

Estudié atentamente el tomo. Le señalé las tapas de madera.

 
-Había oído, ejem – carraspeé -, me habían dicho que estaba encuadernado en piel humana.

 
-Piel humana, ¿eh? - volvió a ajustarse las gafas con gesto divertido -. A  la gente le gusta exagerar. La actual encuadernación data del siglo XV y  está realizada con planchas de madera, como puede usted comprobar. Los folios son de muchas épocas; pero, hasta donde yo sé, todos son pergaminos vulgares.

 

Se sentó frente a mí, colocando el libro entre ambos.

 
-Bien – dijo -, antes de nada y para evitarnos equívocos, ¿sabe usted que es exactamente el Libro Negro?

 
-Por lo que conozco, el Libro Negro es una especie de libro de honor, una especie de cuaderno de autógrafos, muy antiguo y dedicado a una clase de gente en particular.

 
-Correcto - abrió el libro -, el primer folio está rubricado por Marco  Cómodo Antonino, un emperador romano...

 
-Sucesor de Marco Aurelio - le atajé- y famoso por su crueldad.
-Así es - pasó el folio -, inmediatamente tras él, tenemos varias  anotaciones de la misma época, de personajes mucho menos conocidos, pero  igual de feroces que Cómodo. Así fue como se creó el libro Negro. Yo se lo iré mostrando: algunos pergaminos tienen muchos siglos y hay sellos de  cera que se deterioran con mucha facilidad.

 
Comenzó a pasar lentamente las hojas. Folios y folios repletos de sellos, rúbricas y dedicatorias.

 
-Unos son personajes históricos, otros fueron famosos en su tiempo y  algunos pasaron desapercibidos incluso en su época. Todos eran personajes sedientos de sangre, de una u otra forma.

 
-Hay algo que me intriga: parece difícil creer que tanta gente aceptara estampar su firma en un libro que es como un recuento de asesinos.

 
Aquel hombre volvió a sonreír divertido.

 
-Usted subestima la vanidad de la gente. Considere que estas páginas están rubricadas, de puño y letra, por emperadores, reyes, estadistas, figuras históricas y algunos ilustres desconocidos. La posibilidad de firmar el Libro Negro se le ofrece a muy pocas personas; es como un club muy  exclusivo y, por tanto, su ingreso en él es un honor muy codiciado.

 
 -Curioso.

 
Creo que pasamos horas ojeando el Libro Negro; su propio dueño, que debía conocerlo de memoria, acabó girando su silla para poder leerlo a la par  que yo. Había inscripciones de todos los siglos y lugares, en una docena  de alfabetos.

 
-Observará- me comentó- que las anotaciones del final, las de este siglo, son mucho mas abundantes.

 
-Ha sido un siglo sangriento - admití.

 

-Tonterías, le aseguro que, en este siglo, no hay nada que no haya sido  hecho ya con anterioridad. No, la mayor proporción se debe a la mejora de las comunicaciones -volvió hacia atrás, para mostrarme un poema escrito en  un alfabeto oriental-. Esta anotación es del siglo XVII, conseguirla  significó un viaje de casi dos años. Con las comunicaciones actuales, eso  ha cambiado.

 
-Y dígame - le pregunté -, en todo este tiempo, ¿el libro ha estado en  posesión de su familia?

 
-No, claro - sonrió ante mi candidez -, dieciocho siglos pesan mucho. El  Libro Negro pasa normalmente de padre a hijo, pero en todo este tiempo ha  habido muchos cambios, la mayoría de las veces por extinción de líneas  familiares... aunque se han dado casos más violentos.

 
 -Bien. - levanté mi maletín y lo dejé sobre la mesa.


 Aquel hombre volvió a ajustarse las gafas, esta vez con gesto de asombro.

 
-Ni por todo el oro del mundo – balbuceó -, me desprendería del Libro  Negro.  
-No pensaba ofrecerle dinero - abrí el maletín y le mostré su contenido -. Orejas de mujer momificadas, todas del lado derecho; un centenar exacto,  ni una de más, ni una de menos -puse sobre la mesa la libreta y el sobre  -, fotografías, fechas, lugares, datos diversos...

 
Alzó la mano con gesto pensativo.

 

-No siga, no siga - sonrió, ajustándose las gafas -. Comprendo. Usted ha venido a firmar.

 

 

El autor

 

 

 

 

 

Sitio web oficial del escritor

 

Las islas sin nombre, bitácora personal del escritor

 

 

León Arsenal (seudónimo[]) (Madrid, 1960-) es un escritor español (también traductor y director de revistas literarias) que ha cultivado los más variados géneros narrativos.

Creció en la misma ciudad en la que nació, Madrid, y más tarde residió en La Coruña, ciudad donde cursó estudios en la Escuela Superior de la Marina Civil. Tras navegar varios años, desempeñó varios oficios en tierra. A principios de los años 90 comenzó a escribir relatos pero, hasta el año 2000, no publicó su primera novela: El hombre de la plata, narración de corte histórico, ambientada en el siglo VI A. de C., en Tartessos.

A partir de ahí siguió publicando en los más diversos géneros: desde el histórico (que es el que ha cultivado con más asiduidad) al ensayo, pasando por el fantástico o el thriller. Dirigió también durante tres años la revista Galaxia, que obtuvo el premio a la mejor publicación de literatura fantástica en el año 2003, otorgado por la Asociación Europea de Ciencia-Ficción, en Turku, Finlandia.

 

Bibliografía

Novelas

  • El hombre de la plata (histórica). 2000.
  • Las lanzas rotas (histórica)[] . 2002.
  • Máscaras de matar (fantasía)[] . 2004.
  • La boca del Nilo (histórica) . 2005.
  • El espejo de Salomón (thriller histórico) . 2006.
  • Los malos años (histórica) . 2007.

Antologías

  • Besos de Alacrán. 2000.

Ensayo

  • Una historia de las sociedades secretas españolas[7] (junto a Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo). 2006

Relatos

  • Todas las noches (Revista CyberFantasy I, 1992)
  • Cromatóforo' (Fancilibro Visiones Propias I, 1992)
  • 'Whateley Terminal (CyberFantasy 3, 1993)
  • Ojos de Sombra (Visiones Propias II, 1993)
  • El agente exterior (CyberFantasy 4, 1994)
  • Besos de Alacrán (Cyber Fantasy 5, 1994)
  • El libro negro (Fancine Sueño del Fevre 4, 1994)
  • El centro muerto (Fancine Kebeo Kenmaro 6)
  • Oscuro Candente (Revista Gigamesh 8, 1998)
  • El círculo de hombres (Gigamesh 13, 1998)
  • En las fraguas marcianas (Fancine Artifex I, 1999)
  • El otro (E-zine Ad Astra, 1999)
  • Refutación de América (Revista Solaris 5, 2000)

 

Otros

  • Conan, un estudio sobre el mito (ensayo; co-autor junto a José Miguel Pallarés y Eugencio Sánchez Arrate; Metrópolis Milenio, 1999)
  • Bula Matari (colaboración en la novela de José Miguel Pallarés; Ed. Sulaco, 2000)
  • La Noche Roja (novela corta, Gotas, 2003)

 

Premios

  • Premio Internacional Ciudad de Zaragoza de Novela Histórica 2006 (La boca del Nilo)
  • Premio Espartaco de Novela Histórica 2006 (La boca del Nilo)
  • Premio Minotauro 2004 (Máscaras de matar)
  • Premio a la revista Galaxia de mejor revista europea de ciencia ficción en la EuroCon de Finlandia, 2003 (como director de la revista)
  • Premio Pablo Rido 1997 (En las fraguas marcianas, cuento fantástico)
  • Premio Pablo Rido 1994 (Besos de Alacrán, cuento fantástico)

 

 

     

    Actualizado el 25/11/2009          Eres el visitante número                ¡En serio! Eres el número         

ip-location